jueves, 31 de diciembre de 2009

MIS 10 DE LOS 10 AÑOS (2000-2009)

La década que acaba marca el inicio de mi cinefilia, del descubrimiento de obras, de nombres y el refuerzo de mis elementos de juicio. Con 50% corazón y 50% cerebro elijo siempre diez. Muchas quedaron fuera, de ustedes queda traerlas a colación y recordarlas.

Sin más , las contamos, leemos y vemos:


1. El Señor de los Anillos,
de Peter Jackson (2001, 2002 y 2003)

Ninguna película jamás me hizo sentir de nuevo niño como la trilogía del anillo. Personajes de cuentos de hadas que encarnizados combaten con malformados de pesadilla. Batallas emocionantes e inacabables. Despliegue de razas que buscan la extinción de la otra por medio de la valentía en una y del terror por la otra. Nunca se condensó mejor la aventura, la épica y la fantasía en las pantallas ¿Que las computadoras y los efectos especiales? Factores que la ortodoxia la considera muletillas, quién sabe por qué prejuicio.



2. Bailando en la oscuridad, de Lars von Trier (2000)

Película rica que parece pobre, dicen. Hipocresía que algunos condenan, humildad que otros defendemos. La fantasía se cola en la aciaga vida de una madre, Selma (Björk), que ciega progresivamente y se explota entre ruidos de fábrica en pos de operar su hijo de la misma enfermedad que ella sufre. Esos fierros chancados y tuercas oxidadas que rechinan en la fábrica son la tonada del musical con que sobrelleva Selma su vida, susurros o sonidos apenas perceptibles se amalgaman en música que colora y figura su alegría ante la imposibilidad de su vista. Acaso los musicales nunca gozaron de mayor naturalidad que cuando Björk se desliza en la fábrica, el ferrocarril o en su celda con cánticos de evasión a voz quebrada. Sin música, el drama de Lars von Trier es uno de los más desgarradores que mis ojos adolescentes vieron nunca.
Así hubieran cien cámaras filmando la ejecución de Selma no hace a Bailando en la oscuridad menos obra maestra que de hacerse con una sola handycam.



3. Con ánimo de amar
, de Wong kar-wai (2000)

Dos engañados frustran su amor “por impuro”, por asemejar condiciones de la infidelidad que sufren por sus respectivos cónyuges, invisibles, ausentes, de los que sólo se habla y lee. Los flirteos, los acercamientos, las sudoraciones de los dos engañados refuerzan el dolor de su amor autoprohibido y por eso enternecen sus alejamientos: porque el orgullo se impone a la pasión, porque no quieren ser lo que odian. Que el Quizás, Quizás, Quizás de Nat King Cole resuene a varios ratos es por la repetición del lugar común, de lo potencial de una pasión facilitada por quienes deberían prohibirla pero que nunca se concreta. Con ánimo de amar tensa y enamora, impone la fatalidad para engraciar el melodrama y lo consigue sin parecer desgraciada.



4. Luz Silenciosa
, de Carlos Reygadas (2007)

Que su contexto sea una comunidad menonita de población aria, de idioma recóndito y de naturaleza rural, figura a la historia como una fábula de tiempo-espacio indefinido, donde el purismo del ambiente expía las pervertidas cuestiones humanas que podría manifestar un tratamiento más urbano del mismo motivo. Luz silenciosa es un relato romántico en su sentido más estricto, deificado por la luminosidad de su puesta en escena y humanizado por el aspecto victimista de los involucrados en el frenesí, criaturas desaventajadas ante sus hirientes conflictos sentimentales y sus confrontaciones con el mundo del pecado.

El intercambio de amor por paz a través de un beso entre las mujeres, filmado por Reygadas como el trueque entre la vida y la muerte, la felicidad y la desaventura, respectivamente, es la secuencia cumbre de Luz silenciosa, instante recordatorio como la “resurrección” de la esposa, cuando se desenlaza el conflicto afectivo en una última concesión por parte de la amante, quien cede de su pasión a cambio de la mansedumbre de su alma. La espiritualidad de los personajes emerge como celo primordial de sus motivaciones, lo que da a la película un ventisco de teorema existencial sobre lo pasional como motor de acciones.

Luz silenciosa es una película de interpretación de gestos y de lectura, prácticamente nadie habla el dialecto original de los parlamentos, lo que emboza virtuales carencias interpretativas de sus figurantes -despropósitos de sus dos primeros filmes- y eso es un indudable acierto, asimismo una corrección de estilo.



5. Gran Torino
, de Clint Eastwood (2008)

Gran Torino habla del legado perdido de las generaciones conservadoras, un auto cosifica esa herencia que aún puede recuperarse en la juventud vándala que escenifica. Blandengue me siento ante los dramas de Eastwood: éste, sentido, sin concesiones y con sacrificios de remate sólo refuerzan la sensiblería por la que nos dejamos llevar por su maestra manipulación de los momentos dramáticos y trágicos.

Eastwood es constante con su maestría, salvo su tropiezo de este mismo año que fue El sustituto, una de mis odiadas del 2009 y la que me hizo temer sobre su senilidad. Angelina Jolie explotada en todos sus gestos sufridos, además de las situaciones “de la vida real” tratados como telefilme lastimero. Gran Torino llegó para hacer olvidar molestias y elevar un peldaño más a Clint Eastwood, quien deja testamentos fílmicos en cada entrega. Gran Torino deja el acta de defunción de Clint como actor, razón suficiente para que se apunte como un clásico del cine estadounidense de siempre.



6. El silencio de Lorna
, de Jean Pierre y Luc Dardenne (2008)

Esta vez, los Dardenne, ya no retratan el descalabro de un personaje sumido en situaciones límites, sino que postulan y ejecutan una redención de su protagonista, aspecto focalizado antes en La promesa, con tufillo solemne y aventurero, y amagado en Rossetta y El niño con pretensión sugestiva, aún así lograda.

La cámara siempre inquieta, se acerca a sus personajes en interiores, los ensaya íntimos, y los enfría en las grises calles que transitan. Lorna es belga ante la comunidad, cuya mirada juiciosa no penetra las cuatro paredes donde es una inmigrante que vende su estado civil y ciudadanía, recién conseguida por un acuerdo turbio, por estabilidad económica. Asimismo, Claudy, el belga que Lorna desposó por conveniencia, es dadivoso y comprensivo cuando no está angustiado por la heroína que lo hace adicto. La imagen del europeo promedio, sosegado y plácido ante la rutina, es filmada por los Dardenne en exteriores, desdibujando ese perfil en cerrados ambientes donde las miserias se ejecutan sin aspavientos.

El contexto representado es invariable en esta etapa de su obra. No se valen del suburbio de la actual Bélgica para endilgar vilezas a los figurantes de ese entorno, no señalan a los antagonistas como opresores de las buenas costumbres, ni los perfilan como mafiosos y pandillas incontestables, sino como usureros de las circunstancias, timadores urbanos, que empatizan con la condición callejera de sus personajes perturbados. Esa empatía es sostenida por mutuo acuerdo. En el cine de los Dardenne no hay tiranos ni coaccionados héroes, solamente pervertidos individuos que desarrollan su plan de vida en vicios y fijaciones azarosas.



7. Golpes del destino, de Clint Eastwood (2004)

Los storylines de telefilmes en manos de Eastwood se hacen melodramas consistentes con vueltas de tuercas conmovedoras. Ayudado por su hijo Kyle en la música para los momentos claves del drama y la tragedia, Clint coge un drama de ascenso y descenso del éxito, con el valor agregado de que los involucrados son patéticos de sus propios tópicos y cada uno se aferra al deseo del otro por sus necesidades propias, entonces estos matices, dentro de los muchos grises donde discurre el relato, aportan inteligencia a una historia proclive al llanto, a las malas noticias; tal confluencia tiende a bajar sin reparos, pero cómo Eastwood maniobra y conjuga los elementos para ofrecer una obra maestra con las letras plañideras de un Paul Haggis, el guionista, que perpetraría su inefable Crash cuando dirigió: obra fundamental del racismo y de la manipulación morbosa de las situaciones límite.



8. La maldición de la flor dorada
, de Zhang Yimou (2006)

Los componentes que disfruto de los animes y mangas seinen son los mismos que de las películas wuxia, éste es uno de sus mejores exponentes y no sólo de la década. La realeza como el eje de la ambición a gran escala, peleas voladoras coreografiadas, una familia (real) enfrentada por el poder y el amor, escenarios imponentes de colorido y monumentalidad más poetización en la dicción de los parlamentos: una épica casi recitada en mandarín. La mustia canción de los créditos Júhua Tái, de Jay Chou, cierra triste su visionado. La maldición de la flor dorada también me regresa a niño.



9. Expiación, deseo y pecado
, de Joe Wright (2007)

Mi apuesta en esta lista. En un epílogo memorable, en búsqueda de exculpación, la malhablada Briony narra el antes, durante e infeliz después de los hechos ocurridos por su delación en las páginas (audiovisuales) de su novela –llamada también Expiación- que recrea y asimismo ficticia los hechos que la enfrentaron con su hermana y novio . Es Expiación la película, Expiación la novela -la ficcional de Briony-, una mirada subjetiva de los hechos por parte de ella, hasta antes del desenlace con la que apela a la redención consigo misma.

Si bien la última secuencia es la que carga con la emotividad entera del filme, es la primera parte la más lograda cinematográficamente. Wright propone una anti-elipsis para anteponer los actos trascendentales de las escenas (la fricción sexual de la pareja en la pileta del jardín o la del sexo en la biblioteca) al antecedente y consecuencias inmediatas de las mismas, generando suspenso y potenciando una variación inocua no aplicada de esa situación agravante, ya actuada y pecada. Pulsiones alcahuetes que compartimos con la intención del autor. Recurso que utiliza sólo en el capítulo de la casona.

Expiación es una novela, de Ian McEwan, adaptada película, de Joe Wright, en la que una novela recreada es la base del relato, la Briony Tallis. También la película hace reverencia al poder de la escritura para escribir y reescribir Historias.



10. Petróleo sangriento
, de Paul Thomas Anderson (2007)

En Petróleo sangriento asistimos al curso de la batalla de la codicia, encarnada en un Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis) aplastante, usurero de masas crédulas y ducho del floreo demagogo, en disfraz de surgidor magnate petrolero y de abnegado padre. Contado en un emergente siglo XX, cuando el “oro negro” se presentaba flamantemente como materia de disputa, este siniestro juego de alcance de poder desarrolla sus motivos no sólo con el unipersonal de Plainview sino se refuerza con una variante del mismo arquetipo, el charlatán eclesiástico Eli Sunday (Paul Dano), con quien rivalizará implícitamente por atención y favor del auditorio popular.

Anderson contextualiza su duelo de rapaces en campo agreste, idóneo como escenario de guerra -aunque esta sea sólo de verbo y avivamiento-, mostrando en jornadas alternas el histrionismo en sus respectivas faenas tanto del magnate como del orador, ambos personajes explotadores, ofertantes de bonanza, que finalizarían su lid en un encuentro antológico en la sala de bolos de Plainview. Petróleo sangriento es un seguimiento expectante a la avara carrera del pastor maldito que es este último, explorando también sus recovecos afectivos, en los casos de su hijo adoptivo y de su supuesto hermano.

Petróleo sangriento es el marco aciago de la época que data el sueño americano, del que Daniel Plainview es su afeado rostro modelo.

lunes, 28 de diciembre de 2009

BALANCE 2009: Mis diez en las multisalas


Primero el año que se va.

Pareciera que el pasado 2008 fue superior en estrenos -principalmente por su arranque, con la temporada de premios que dejó mis preferidas del año entero- empero no lo considero cierto en discrepancia con muchos. En impresión, este 2009 pareciera irregular en comparación al año anterior, y es que mis favoritas se repartieron a lo largo del año, por estaciones, y no se condensaron en un inicio de año notable para la calidad de nuestra cartelera, que siempre nos inclina a preferir el DVD, y pirata. Cada película nombrada tuvo su tiempo en mi altar.
Considerable cantidad de películas buenas y estimables anduvieron por las multisalas, aún así elijo sólo 10 porque de eso depende el juego. Sin suspenso, del mejor al menos-mejor:

1. Gran Torino: Varios fanáticos de los automóviles asistieron al cine para ver correr al setentero Gran Torino; a cambio, muchos salieron conociendo y admirando tarde al maestro Clint tanto como su motivación de cuatro ruedas. Gran Torino habla del legado perdido de las generaciones conservadoras, un auto cosifica esa herencia que aún puede recuperarse en la juventud vándala que escenifica. Blandengue me siento ante los dramas de Eastwood: éste, sentido, sin concesiones y con sacrificios de remate sólo refuerzan la sensiblería por la que nos dejamos llevar por su maestra manipulación de los momentos dramáticos y trágicos. Imposible ya que se equivoque.

2. El matrimonio de Lorna: El cine de los hermanos Dardenne, además de refinarse, se complejiza y explora nuevos derroteros. El personaje de Lorna es perturbado, lóbrego y malhechor si es necesario, pero no en pos de un bar propio sino por el borrón de su pasado que significa miseria y padecimientos. Todo se admitirá para que lo belga cale en los huesos de Lorna y por eso necesita radicar y negociar por esas latitudes. El silencio de Lorna orienta sus ambiciones a la evolución de su protagonista, conmueve tanto como perturba su expiación al proteger una supuesta vida próxima en su vientre. Lorna deja atrás su vida belga, a la culpa, al dinero y documentos incluidos, para refugiarse en las entrañas de la nada, donde supuestamente emergió.

3. El luchador: Sin optimismo, y sin estridencia, Aronofsky señala que solo hay un camino en la vida, así seas luchador. Dícese en El luchador que el sendero de la vida se bifurca en “lo que se puede hacer” y en “lo que se quiere hacer”, la complicación es que no siempre se puede lo que se quiere y cuando se puede, algo se deja o pierde. Los problemas de este luchador, Randy, no son cardiacos sino del corazón romántico: su hija y su amada están del flanco contrario al de su pasión luchística y sus vicios. Esa decisión desenlaza este filme que entrelíneas ensaya una reflexiones sobre el paso del tiempo, el fracaso y el olvido. Mickey Rourke y sus fealdades faciales toman considerable protagonismo.

4. Bastardos sin gloria: Aquí Tarantino juega a señalarnos jueces de la moral con la violencia justificada, dándole permiso a nuestro taimado fervor asesino para que desfogue su morbo durante los 153 minutos que dura la sesión. Eso es lo divertido, ver el gesto de la banda de Brad Pitt y girar la vista para ver el vacilón de las butacas vecinas. Seguimos a un ejército cazador que imita el modus operandi de sus sabuesos con métodos igual o más radicales y cruentos con el permiso de nuestras conciencias. A ambos bandos los mueve la xenofobia, no la defensa.

El cine, y lo sabe un amante suyo como lo es Tarantino, tiene el poder de escribir la Historia en las imágenes que proyecta, de crear mundos tan paralelos como distantes con los elementos de pasajes ya existentes y conocidos como son la Segunda Guerra Mundial y el desenlace del Tercer Reich.

5. [REC]: Cada vez es más se valora el hallazgo de un de horror efectiva. [REC] no solo hace presencia cumplidora sino que es verdaderamente aterradora. Que una débil viejecita arremeta potente contra policías y bomberos o que una pequeña niñita arranque de una sola mordida la nariz de su madre dejan en manifiesto la nocividad del virus y lo sórdido de los alcances sangrientos de la propuesta de Balagueró y Plaza, que con la intención del tiempo real por el efecto de la cámara al hombro cual reportaje nos hace partícipes de ese escabullimiento miedoso por salvar la vida. La complicidad de los silencios en la sala más los gritos precisos en sus momentos y duraciones hicieron de [REC] una experiencia redonda.

6. Che: el argentino: El Che Guevara deja de ser calcomanía para adentrarse en el bosque y recrear los movimientos de su leyenda. El Che como revolucionario, como hermano guajiro, como político representante. Soderbergh postula mayor verosimilitud de su filme con la simulación de material de archivo, pero principalmente con el español en los parlamentos con el acento cubano que no se soslaya. Como filme de ficción Che: el argentino es un excelente documental y eso aquí es un acierto. La parte que la completa, Che: guerrilla, nunca estrenada en Perú, recomiendo adquirirla en DVD de cualquier precio.

7. La teta asustada: Un canto de querella se abate en el oscuro granulado de la pantalla. La voz de una anciana quebrada por los años y los maltratos, antes de apagarse, deja su dolor por testamento a su hija, quien lo acoge también cantando en un quechua desafinado pero piadoso. Esa transferencia del miedo se da cual herencia única entre madre e hija, marcando el punto de partida del enfrentamiento con la realidad de esta última, Fausta, que cargará con su varada difunta como símbolo de su susto legado.

Siguiente al cántico, Fausta, frágil y sola, de espaldas a la gran ventana del cuarto, es apocada por las casas y cerros que se expanden en el cuadro. Una Lima agreste se ubica como contexto, que a su vez es el puente exacto entre las dos realidades en las que Llosa interactúa y de las que coge elementos, lo rural y lo urbano. Manchay es la localidad donde estas dos culturas confluyen y donde La Teta Asustada desarrolla sus motivos.

En esa escena de tan sólo dos tomas, de opuestas perspectivas, la directora condensa en una habitación el par de frentes demográficos que maneja, señalando las condiciones íntimas del conflicto -de naturaleza serrana- con la agonía de la madre, como también las dificultades externas del mismo en un ambiente adverso -como la bravura de las afueras de la ciudad- con el contraste entre el timorato gesto de Fausta y las irregularidades de la geografía donde se ubica. Es un prólogo diáfano, filmado con pulso veterano y sensibilidad manipuladora que da miedo, pero complace por efectivo.

Con tan solo esa secuencia vale su inclusión en la lista.

8. Planet Terror: Mi comedia del año. Es que tanta bizarría no puede provocar más que risas. Fue la primera estrenada del díptico Grindhouse, la encargada a Robert Rodríguez, el de Sin City. El planeta humeado por gases tóxicos que convertían a zombies a milicos subversivos y a casuales inhaladores, mujeres que ametrallan con la coja, enfermeras implacables con sus jeringas de colores, pequeñines vagos con la destreza conjunta de Van Damme/Rambo. El título de un planeta sumido en el terror suena a burla tras los créditos finales. Mejor sabor de boca me deja que su otra parte, la siguiente:

9. A prueba de muerte: En esta película, Tarantino no da puntada sin hilo en señalamientos a la falibilidad del celuloide como defecto humano en la producción de un filme, a las hazañas de los dobles de acción con tufillo heroico y redentor, asimismo al disparate de la serie B, a todos sus componentes y lugares comunes, como asilo kitsch de la inagotable cultura pop. Todos enmarañados con la hilaridad de un inteligente venerador de su amante de nitrato.

10. La duda: El Philip Seymour Hoffman de La duda es mejor que cualquier otro; lo genial de Capote y Antes que el diablo sepa que has muerto es superado por la tibieza y expresión tan miedosa como ambigua que estremece de un padre Flynn que nunca contesta ni demuestra inocencia o culpabilidad a las acusaciones que se le espetan. Meryl Streep dota a la bonita Amy Adams de una gracia y talento que no le eran propios e iguala un nivel que provoca suspiros y buenas memorias. Viola Davis aparece, habla, encanta, se va y hasta pide Oscar. Cuatro delietes en escena que me hacen más simpática a la Iglesia católica. La duda, o el prejuicio, es como pocas: un embeleso al oído.

Al recordar sus pasajes pienso si debí subirla al podio.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Ell SILENCIO DE LORNA: La película del año


Con El silencio de Lorna para nada detecté un estancamiento o una repetición de discurso en el cine de los belgas. Sus búsquedas encuentran nuevos derroteros tras cada entrega, sus miradas se complejizan y abarcan más que lo empezado con La promesa, donde el remordimiento es el motor del arrepentimiento de un niño que sabe sólo de manipulación y timo.

Esta vez ya no se retrata el descalabro de un personaje sumido en situaciones límites, sino que postula y ejecuta una redención de su protagonista, aspecto focalizado antes en La promesa, con tufillo solemne y aventurero, y amagado en Rossetta y El niño con pretensión sugestiva, aún así lograda.

La cámara siempre inquieta, se acerca a sus personajes en interiores, los ensaya íntimos, y los enfría en las grises calles que transitan. Lorna es belga ante la comunidad, cuya mirada juiciosa no penetra las cuatro paredes donde es una inmigrante que vende su estado civil y ciudadanía, recién conseguida por un acuerdo turbio, por estabilidad económica. Asimismo, Claudy, el belga que Lorna desposó por conveniencia, es dadivoso y comprensivo cuando no está angustiado por la heroína que lo hace adicto. La imagen del europeo promedio, sosegado y plácido ante la rutina, es filmada por los Dardenne en exteriores, desdibujando ese perfil en cerrados ambientes donde las miserias se ejecutan sin aspavientos.

El contexto representado es invariable en esta etapa de su obra. No se valen del suburbio de la actual Bélgica para endilgar vilezas a los figurantes de ese entorno, no señalan a los antagonistas como opresores de las buenas costumbres, ni los perfilan como mafiosos y pandillas incontestables, sino como usureros de las circunstancias, timadores urbanos, que empatizan con la condición callejera de sus personajes perturbados. Esa empatía es sostenida por mutuo acuerdo. En el cine de los Dardenne no hay tiranos ni coaccionados héroes, solamente pervertidos individuos que desarrollan su plan de vida en vicios y fijaciones azarosas.

La expresividad de la cámara y sus movimientos es la que marca la pauta emocional de la acción dramática, denotando angustia al cerrar un plano al rostro, o distensión al mostrar uno abierto con zumbido. Un estilo influyente para la actual producción del este europeo, principalmente en Rumania y Hungría con Mungiu y Fliegauf, respectivamente.

El silencio de Lorna orienta sus ambiciones a la evolución de su protagonista, conmueve tanto como perturba su expiación al proteger una supuesta vida próxima. Lorna deja atrás su vida belga, con culpa, dinero y documentos incluidos, para refugiarse en las entrañas de la nada, donde supuestamente emergió.

domingo, 29 de noviembre de 2009

LATETA... DE ORO: Lo que se dijo en su momento


Texto exclusivo para la web argentina Otroscines.com


DE BERLÍN A VÍSPERAS DE SU ESTRENO

Inicios de año. En Perú empieza sin mayores sobresaltos, los personajes de la farándula también toman vacaciones y eso se nota en la calma del amarillismo. La prensa se ocupa de los muertos en carretera y del figuretismo del presidente García, que no cansa de subirse a todo tipo de estrados para desgastar cuanto micrófono cae en sus manos.

Cuando la última película de Claudia Llosa fue seleccionada para la Competencia Oficial de la edición 59 de la Berlinale, pocos fueron los interesados a pesar de ser un hecho inédito. Algunas pequeñas notas en los diarios lo informaron, cumplieron con la noticia, al igual que los medios cinéfilos con algunos adjetivos entusiastas de más. No mucho pasaba.

Mientras tres gatos seguíamos los pasos de Llosa y Cía. en Alemania, llegaría el preludio del posterior revuelo: lateta... ganó el premio FIPRESCI, los internacionales críticos asistentes le subieron el pulgar a la co-producción peruana-española a vísperas de la ceremonia de clausura y premiación. Cualquier cosa podía esperarse ya.

La ceremonia reservó la mención a lateta... hasta su final, negándole todos los Osos de Plata previos. De la voz áspera de la presidenta del jurado, una Tilda Swinton sin maquillaje, se diría, con un español masticado, el nombre de la película que hablamos, acreditándole el máximo premio en Berlín.

Lateta... ganó el Oso de Oro” decía cuanto medio en señal abierta existe sólo pocas horas después del suceso. A la noche siguiente, reportajes a vuela pluma en los noticieros dominicales competían al unísono por quién jabonaba mejor el acontecimiento, insinuando que se había ganado un equivalente al mundial del cine.

Todo el mundo se enteró, a todo el mundo le interesó.

Inmediatamente lateta… fue acogida por el pueblo como objeto de culto sin haberse visto siquiera 5 minutos de su metraje. Su triunfo internacional bastó para elaborar alrededor de las figuras de Llosa, la “gringa divina”, y Magaly Solier, “la cholita linda” (directora y protagonista, respectivamente), los arquetipos del éxito. Una casi inviolable aura inmaculada rodeó a lateta... a ojos de la plebe, hasta su locación principal, Manchay, un Asentamiento Humano pedregoso, es ahora un lugar muy visitado. El fenómeno había tomado forma.

LA POLÉMICA ANTESALA

El premio le dio garbo a la polémica en vez de evitarla. Los fieles detractores de la bonita peruana entraron con la pierna en alto desde el saque.

Desde Madeinusa, Claudia Llosa demostró su particular pluma imaginativa. Intrépida, incómoda. Escribió la sórdida costumbre pagana del Tiempo Santo, temporada de pecado y libertinaje celebrada, en lugar de la católica Semana Santa, en un recóndito poblado andino, valiéndose de la prejuiciada imagen del indio peruano para pretender verosimilitud de su licenciosa premisa. Que esa impúdica tradición ficticia sea rural lo hace creíble, piensa Llosa, motivando de inmediato férreas críticas de distintos y variados sectores de las letras criollas. Se le cuestiona la atribución babélica y fantástica a las etnias serranas, para ella enigmas inciertos desnudos ante su tino creativo. ¿Tufillo de racismo en el resultado? ¿Su óptica es sub-estimadora, propia del criollo hacia el cholo? ¿Experimenta con el segundo como conejillo de ficción? Esta línea siguió en lateta... ; los cholos aún en el eje y las controversiales pinceladas “de ficción” que provocan acaloradas habladurías.

Claudia Llosa, de mirada foránea hacia lo serrano a pesar de su nacionalidad peruana, es la favorita de la polémica intelectual, el blanco de los defensivos opinantes de tez marronácea. Altera y desafía los tópicos de la ruralidad peruana, fantasea con sus caracteres, pero reflexiona sobre los mismos; nomás es su campo de acción, aunque provoque comezón a más de dos.

La mentada “mirada foránea” hacia lo desconocido e intrigante –con la que Llosa escribe sus guiones- suscita el desaforo de la fantasía sobre un punto, nadie niega ese prejuicio, pero, ¿acaso imaginar no es prejuicio de por sí? Lo hicieron los yanquis del western cuando filmaban salvajes indios, o los clásicos con los caníbales africanos. En nombre de la ficción se admiten groserías varias, aún así Madeinusa y lateta... –guiñadas trastocadas de la realidad del Ande, eso sí, para la turbación- no son atentados contra ese permiso, sino nuevas (y pretenciosas) declaraciones subjetivas, lo cual es de lo más saludable.

LO INMEDIATO A SU ESTRENO

El alboroto mediático por la película se tradujo en interés popular, faltaba que ese interés se haga tangible en las boleterías. 55 000 personas en su primer fin de semana abrazaron a la única cinta nacional en cartelera, atrás quedaron Slumdog millonaire, Watchmen, Che y la versión tridimensional de la chiquillada de los Jonas Brothers.

Sin embargo, se extendió la insatisfacción de gran parte del público ni bien aparecen los créditos finales. ¿Aburrimiento? ¿Decepción? ¿Incomprensión?

Así el título parezca sugerirlo, no hay tetas al aire, por lo que los varios pícaros y mal acostumbrados visitantes del cine peruano no encontrarán aquí refugio ni el humor chabacano y barrial que los refleja; sin extrañárseles, los rostros conocidos de la farándula kitsch también faltan. Las “lisuras y calatas”, populares clichés del cine peruano, son ajenos a la detallada simbología de lateta..., que somete parte de la cultura chicha del lumpen a su atrevida trasgresión de lo “real”. Más difícil de comprender que aburrida o decepcionante.

Canciones en quechua que elucidan la supuesta condición serrana del malestar de Fausta; una papa intrauterina que enraíza (su miedo) y adolora progresivamente cual infección; un trato mefistotélico de intercambio perlas-inspiración entre ella y su empleadora Aída, respectivamente; el cadáver varado de su madre que representa el estancamiento de su estado de ánimo timorato; la flor de papa creciente que graficará su evolución social. Metáforas al minuto a esperas de su decodificación, un pretensioso pero simpático ejercicio -propio en la obra de Llosa- paralelo a la historia.

Lateta..., sin rococó, es la crónica del miedo a la adaptación mundana de Fausta, con un atisbo de rebeldía como conmovedor final contestatario. Una fábula adulta contra los prejuicios amedrentadores, contra las limitaciones auto-impuestas, que impulsa el despojo de las querellas ajenas como solución primera.

*
Desde su arribo, por todo lo alto a su tierra, La Teta Asustada llenó salas, armó sustanciosas polémicas, abarcó cuanto medio existe y encendió una esperanzadora vela más por el bien de nuestra historia fílmica. Por lo demás, Claudia Llosa es una autora a tomar muy en cuenta en el auspicioso marco del cine latinoamericano actual.

jueves, 26 de noviembre de 2009

THERE WILL BE BLOOD (2007): El aciago sueño americano

de Paul Thomas Anderson


En Petróleo sangriento asistimos al curso de la batalla de la codicia, encarnada en un Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis) aplastante, usurero de masas crédulas y ducho del floreo demagogo, en disfraz de surgidor magnate petrolero y de abnegado padre. Contado en un emergente siglo XX, cuando el “oro negro” se presentaba flamantemente como materia de disputa, este siniestro juego de alcance de poder desarrolla sus motivos no sólo con el unipersonal de Plainview sino se refuerza con una variante del mismo arquetipo, el charlatán eclesiástico Eli Sunday (Paul Dano), con quien rivalizará implícitamente por atención y favor del auditorio popular.

Anderson contextualiza su duelo de rapaces en campo agreste, idóneo como escenario de guerra -aunque esta sea sólo de verbo y avivamiento-, mostrando en jornadas alternas el histrionismo en sus respectivas faenas tanto del magnate como del orador, ambos personajes explotadores, ofertantes de bonanza, que finalizarían su lid en un encuentro antológico en la sala de bolos de Plainview. Petróleo sangriento es un seguimiento expectante a la avara carrera del pastor maldito que es este último, explorando también sus recovecos afectivos, lo que dilata en desmedro la cinta –especialmente, lo dado con el arribista que decía ser su hermano, siendo quisquilloso con su notable metraje en líneas generales-.

Dos son las secuencias con las que se explicita el careo entre los dos buhoneros, dos actos dramáticos que afloran las mejores performances actorales de Eli y Plainview ante su público y ante ellos mismos; la primera, en la que convenidamente, en pos de la consecución de un fecundo territorio, el petrolero se bautiza a manos del propio Eli, quien le bofetea y obliga a gritar sus vergüenzas como oración de perdón; y la final, con sabor a revancha definitiva, en el salón de bolos, donde se liquida el pleito con sangre entre manos, el magnate remata al seudo religioso, quien acudía a él por ayuda, tras desquitarse por el episodio del bautizo con una recreación similar esta vez favorable a Plainview. Chirriantes escenas de válida sobreactuación donde las caretas se tornaron piel para llevarlas a su límite de hipocresía.

Petróleo sangriento es el marco aciago de la época que data el sueño americano, del que Daniel Plainview es su afeado rostro modelo
.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

LUZ SILENCIOSA (2007): Mi top latino de la década

de Carlos Reygadas

El regodeo visual y el tempo contemplativo -degenerados a cliché de la posera “fórmula del tedio”- disipan su habitual calificativo d’art a cuentagotas, sólo cuando una visión artística los evolucionan a recursos expresivos, a estilo de autor, como lo dado en la tercera obra del marginal Carlos Reygadas, las muletillas se hacen pinceladas.

Luz silenciosa es el final del escabroso pero lubricado túnel que representan Japón y Batalla en el cielo; ostentosa, grandilocuente, por su explícito misticismo y sus motivos trascendentales, se sabe extraordinaria.

Que el contexto sea una comunidad menonita de población aria, de idioma recóndito y de naturaleza rural, figura a la historia como una fábula de tiempo-espacio indefinido, donde el purismo del ambiente expía las pervertidas cuestiones humanas que podría manifestar un tratamiento más urbano del mismo motivo. Luz silenciosa es un relato romántico en su sentido más estricto, deificado por la luminosidad de su puesta en escena y humanizado por el aspecto victimista de los involucrados en el frenesí, criaturas desaventajadas ante sus hirientes conflictos sentimentales y sus confrontaciones con el mundo del pecado.

El intercambio de amor por paz a través de un beso entre las mujeres, filmado por Reygadas como el trueque entre la vida y la muerte, la felicidad y la desaventura, respectivamente, es la secuencia cumbre de Luz silenciosa, instante recordatorio como la “resurrección” de la esposa, cuando se desenlaza el conflicto afectivo en una última concesión por parte de la amante, quien cede de su pasión a cambio de la mansedumbre de su alma. La espiritualidad de los personajes emerge como celo primordial de sus motivaciones, lo que da a la película un ventisco de teorema existencial sobre lo pasional como motor de acciones.

Luz silenciosa es una película de interpretación de gestos y de lectura, prácticamente nadie habla el dialecto original de los parlamentos, lo que emboza virtuales carencias interpretativas de sus figurantes -despropósitos de sus dos primeros filmes- y eso es un indudable acierto, asimismo una corrección de estilo.

La mirada de Reygadas maniobrando desciende del cielo al campo, fisga y atestigua el melodrama y asciende impávida cual ojo omnipresente. Toda Luz silenciosa parece ser un simulacro de Edén, donde los errores se toman como lecciones de crianza.

domingo, 22 de noviembre de 2009

OTRO BUEN MEXICANO: DAMIÁN ALCÁZAR


De todo mal rato se puede hacer una salvedad; como de ver un filme tan berrinchudo como la colombiana Satanás, regordeta de disfuerzos y explotadora de sus personajes, destinados literalmente a sufrir de balazos. De ese desfile lastimero de voluntades retorcidas se rescata un camaleón de tostado rostro expresivo, con amplia frente como tope de su retaco cuerpo: un Damián Alcázar que hace de este insoportable catálogo de calvarios una historia con sensibilidad; burda, pero sincera, de la que se recuerda con nitidez solamente los párrafos de acción suya.

Su guiño villanesco sería cambiado radicalmente de contexto para su siguiente paso, esta vez más resonado y remunerado que los anteriores, aún juntos, según su propia voz. Esta vez ya no enfrentaría a su Satán interno sino a la audacia de 4 niños en un mundo fantástico. De los suburbios de Bogotá a la encantada Narnia, último paradero conocido del mexicano de acento convenido a sus roles. El Príncipe Caspian es una película destinada al olvido inmediato, sus pocos valores ameritan su fugacidad en la memoria, quedará, sin embargo, la diana curricular de un mexicano en esta mega producción. Un ascenso si consideramos a la atención de los gringos como un resalto.

Habría que regresar a inicios del siglo para recordar sus desenvolvimientos más aplaudidos, todos hechos en su natal México: en La Ley de Herodes (2000) sería el alcalde improvisado Juan Vargas, degenerado a tirano ambicioso por gusto al poder, personaje por el que sería reconocido por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas con un Premio Ariel como el mejor intérprete, repitiendo el logro de dos años antes con la road movie Bajo California, primer rol importante en su carrera dedicada al largo. Por ser el armamentista padre Natalio en El crimen del padre Amaro (2002) recibiría su tercer Ariel, esta vez como secundario, confirmando que su sensibilidad es gustosa de los jurados hasta en segundo plano.

Lástima que los importantes agentes del cine de nuestra región sean valorados y reconocidos sólo por una caterva que espulga entre catálogos piratas, carteleras internacionales y voceadas elitistas; poco que se hable o muestre para que entienda a interesados e infaltables curiosos. Nombres como el de Alcázar pasan indiferentes cual común peatón, mereciendo una mejor atención.

viernes, 20 de noviembre de 2009

UN BUEN MEXICANO: AMAT ESCALANTE


Cuando declaró en una entrevista que gusta del cine de Bresson y Haneke, pienso que no era necesario decirlo. Quienes vimos Sangre, su expectante ópera prima, y Los bastardos, su prematura consolidación, caemos en cuenta que no sólo son simpatías sino inspiraciones obvias; similitudes no en la puesta en escena sino en los métodos y sensibilidades, como la usanza de comunes civiles como personajes (método de Bresson) y representación de las (re)acciones pulsionales o meditadas sin aspavientos (personalidad de la obra de Haneke). Otro vector es su cuestionada puesta en escena, de planos largos y cerrados en cámara fija, exclusiva de música incidental en la post producción, y de lento y dilatado tempo, emulador de los minutos del tiempo real; características parangonables, en parte, a las demostradas por Reygadas, considerado su “padrino”.

En Sangre, una pareja vive su calendario ya convencida de su condición mustia, sin atisbos de animosidad ni emociones -aquellos caracteres propios y remarcados en el cine de género como factor potencial de dramatismo. Que sus horas pasen en el trabajo, en el comedor, en el sillón, mientras se mira TV o se hace sexo, responde a lo estipulado, siendo indicativos de una idiosincrasia mermada por la amansadora cotidianeidad.

En Los bastardos, logrado segundo largo, reforzaría su ensayo conductual, saltando taimadamente al otro polo, donde las reacciones (pasivas) se imponen entonces como motores de conductas, no hay planes de acciones, ni cronogramas. Como marcando los dos tipos de individuos que componen la sociedad, ambos temibles según situación.

Ya no se trataría de una pareja afincada en la capital atada a la rutina, sino de la exploración de dos inmigrantes en un mundo ajeno y discriminador en el cual quieren sentirse como en casa. Para esto toman por asalto una casa, no para robarla sino para disfrutar sus comodidades, por antojo (reactivo), sugiriendo congruencia en la continuidad entre un disparo a quemarropa en el rostro de una mujer débil a nadar distendido en la piscina, como lo dado en Haneke.

Escalante no cuenta historias, sino representa situaciones reflexivas sobre temas “menores” como un día hastiado, que es -multiplicado- una vida sosa; o la condición de las pulsiones, todas válidas y justificadas según el contexto. Es un autor distante a las endebles acusaciones de cineasta de citas u originalidad de fotocopista que por allí se esgrimen para aludirlo. Con sólo dos largos ya merece seguimiento.

jueves, 19 de noviembre de 2009

PERSÉPOLIS: De la viñeta al écran


El 2008 pasaron por cartelera comercial, entre otras, tres notables películas adaptadas de novelas literarias: Atonement, de Joe Wright, There will be blood, de Paul Thomas Anderson y No country for old men, de los Coen.

Las novelas “prestadas” fueron Oil!, del autor del siglo pasado Upton Sinclair, para la de Anderson; Atonement, de Ian McEwan, y No country for old men, de Cormac McCarthy, para las homónimas de Wright y los Coen, respectivamente. Tres obras y tres autores que desconocía hasta antes de su incursión en el arte séptimo y que valoraría tras sus acertadas versiones en celuloide.

Tan complicado como ver todos los estrenos es haber leído las novelas en que se basan algunos filmes de importancia. Conocer la película adaptada antes que la novela original me sucedió en este año más que nunca. Pero para hacer un lúcido diagnóstico de una cinta de esa condición, no es necesario conocer con anterioridad la obra que la inspira, pues ambas artes manejan distintos lenguajes, además que los criterios que se ciernen para su análisis son otros, aprendidos con diferente formación y aplicados en diferentes apartados. Aunque las sensaciones de satisfacción o desagrado tras sus consumos pueden inquietarnos a hacer un juicio comparativo.

Nunca había estado en la situación de apreciar una película basada en una obra de literatura ya leída, por lo que decidí experimentar, por cuestiones de tiempo, no con una novela en prosa sino con una novela gráfica. El conejillo de indias fue Persépolis, primero, historieta autobiográfica de 4 tomos de la iraní Marjane Satrapi, lanzados entre 2000 y 2003, y, luego, película animada que codirigiría Vincent Paronnaud con la misma Satrapi, estrenada el 2007. Ambas versiones inéditas en Perú, a pesar de los varios anuncios tentativos de la llegada de su versión para cine.



En tiempos actuales, la animación 2D ha caducado para el mercado, Pixar y Dreamworks se encargaron de hacerla obsoleta al ojo de los fanáticos de la animación de este siglo. Obras estimables como Ratatouille, Cars y Wall-E certifican este avance en la tecnología, a pesar de que, en estos tiempos aún, existen vestigios notables de la animación del pasado, simple y tradicional, como la película en cuestión, de trazo tosco y exento de pigmentos, usándose sólo los contrastantes blanco y negro para colorar las escenas.

Persépolis es un dechado de simplicidad, contada en primera persona por la protagonista, este relato es una retrospectiva al Irán bélico y borrascoso de los ’80, lugar imposible para vivir y para decir lo que en mente se dibuja, so riesgo de fusilamiento; como también al Europa indiferente de la misma época, prejuiciosa y hostil con los de rasgos distintos: lugar pacífico, pero morador de infortunio.

El quid del experimento era ejercitarse para entrar en forma al campo de las incómodas comparaciones, donde, con criterio de principiante, elegiría a la preferida entre comic y filme, tratando de omitir mis preferencias cinéfilas para el fallo. A fin de cuentas, la hecha por Satrapi en solitario fue la que se impuso.

Aún así, adaptar un cómic a una película animada tiene diversas ventajas. Los rostros y las formas de los personajes ya están definidos, así como el contexto y la mayoría de los parlamentos. Como no es el caso de un cineasta que adapta una novela, pues este tendrá que apelar a su imaginario para dar vida a todos los componentes de su cinta, ganándose un conflicto inevitable con todos aquellos quienes también leyeron la prosa antes de ver la película. Qué duda cabe que hacer una película live action de una novela (así como hacerla de un video juego o de un mismo cómic) es una tarea fuertemente subjetiva, conflictiva y complicada por la utilización de material real, que hace más difícil la adecuación a las circunstancias. En cambio, animar personajes de historietas es una tarea más compatible con la objetividad, pues constará de dotarlos de movimiento y dar una que otra espectacularidad al dinamismo de las escenas, dejando la parte autoral solamente a la selección de escenas o una posible variación del desenlace.

Persépolis, el cómic, es más explicativo con sus personajes, supresión entendible para la versión animada por cuestiones de duración, asimismo que responde a la intención principal de la obra, que es la perspectiva de la propia Satrapi sobre sus vivencias. La banda sonora apenas es perceptible, algunos estruendos de los bombardeos y voces en idioma galo que me fueron indiferentes, pues antes, mientras leía sus páginas en calladas madrugadas, armoniosas en español sonaron en mi cabeza otras voces que me conmovieron al ritmo y tono mío, mucho más que el apurado de la versión con Paronnaud.

Pero con esa supresión se yerra en abreviar en pocos minutos la etapa europea, etapa que carga la mayor emotividad y complejidad del relato, pues la evolución de Marjane, el personaje, se da en su sufrida estancia de cuatro años en Austria, pasajes que comprenden íntegro el nostálgico Tomo 3 de la historieta, donde se cuenta que no sólo la última relación curte a la protagonista, sino que se presentan, también, variedad de singulares personalidades que estereotipan al europeo ochentero, como la vieja mojigata, los rebeldes antisociales y la cofradía gay. La consecuencia de ese variopinto e infeliz periodo es la segunda huída -o su regreso-, con la vergüenza de una perdedora, a Irán, donde se desenlaza la historia.


Tras varios vaivenes, el relato deja un esquema: Casa - Salida de casa (primera huida) - Vuelta a casa (segunda huida) - Salida (definitiva) de casa (tercera huida), tres etapas que expresan la divagación de una víctima de una etapa histórica inestable: Marjane como persona que no sabe enfrentar sino sufrir las condicions adversas, que aprende a elegir según los grados de dolor y no por la razón. La decisión final de su destino se deja entrever por este argumento, huyendo hacia Francia, donde espera la consolidación de su sedentarismo, no porque sea el lugar más conveniente sino porque Irán no lo es. En ese fondo se bosqueja una historia de desavenencias en pos del arraigo y de la definición de integridad como cualidad que identifica. Persépolis es crítica de las idiosincrasias donde se posa y clemente con la imagen de la familia, figura de incondicionalidad, según Satrapi la autora.

Si bien Persépolis, la película, es concisa y lograda en sus pretensiones, luce presurosa e imitativa de la original. No hay pinceladas de Paronnaud que indiquen que es co-autor del audiovisual. Más bien, el cómic de la iraní da la imagen de ser un brillante storyboard, mucho más entrañable que la posterior película. Al terminar de ver/leer el original, la vara llegó a una altura olímpica, que la animación no superó ni con ayuda del sonido.

Así empieza la película

lunes, 16 de noviembre de 2009

ESCENA LAMENTABLE DEL CINE PERUANO: EL JUICIO EN VIDAS PARALELAS

Llegando al final del aburridísimo panfleto cinematográfico que es la película castrense Vidas paralelas, se encuentra la escena que condensa toda su fiebre: la del juicio, donde, solemne, Felipe (o el Ejército peruano) hace su defensa de las acusaciones de abusos que no cometiera en la guerra civil. Todo el ente militar se encarna en este personaje literalmente ficticio para frasear sus contestaciones a las denuncias de violencia en la sierra en el plano real por parte de comisiones de la verdad y testimonios de las víctimas. Los resultados son lamentables en todas sus pretensiones.

Pocas maneras menos sutiles existen de hacer el ridículo en edad adulta como reclamar vítores en medios masivos por trabajar mal, asimismo de indignar por lavarse los culpables las manos sobre los escombros civiles de la guerra. Los militares acuden al cine para sanear su imagen ante la opinión pública, pero con la misma tosquedad (de conducta y de estética) como se han comportado ante la ciudadanía.

La escena en cuestión peca de manipulación flagrante, además de poco estilizada, sobre todo las actuaciones de los involucrados, quienes parecen declamar sus parlamentos con gestos fríos no por seriedad sino por inexpresividad. Todas sus piezas están calculadas para proceder en función del alegato del milico incriminado que es el personaje del buen actor Óscar López Arias, el susodicho Felipe, auxiliado y refutado por las intervenciones del abogado, fiscal y testigos en un armonioso sketch de politiquería.

Esta solicitud de gratitud pública para con los armados también nos denuncia de desmemoriados por castigar a los héroes anti-subversivos con el olvido, además que señala de infundios las conclusiones de la CVR sobre la irregular participación militar en el conflicto. Toma por toma, Vidas paralelas construye este discurso, rematándolo con la explicitud de la palabra con tono sensiblero.

Las opiniones están divididas con respecto a su valoración, quienes la aprueban rescatan las explosiones (y explotaciones) y sus culebrones, no advirtiendo el motivo redentor y propagandístico del metraje, que por su esquematización “de acción” -elemental y cliché- disgusta por encima de su maniqueísmo conceptual. Es que Vidas paralelas falla tanto en sus recursos de género como en el planteamiento audiovisual de su ideología.

Rocío Lladó, la directora, es tan culpable como víctima de este fiasco. Y el Ejército peruano es ahora tan filisteo como ramplón.

Un detrás de cámaras de esta lamentable escena.


sábado, 14 de noviembre de 2009

ESCENA PREFERIDA DEL CINE PERUANO: EL INICIO DE LA TETA ASUSTADA

Un canto de querella se abate en el oscuro granulado de la pantalla. La voz de una anciana quebrada por los años y los maltratos, antes de apagarse, deja su dolor por testamento a su hija, quien lo acoge también cantando en un quechua desafinado pero piadoso. Esa transferencia del miedo se da cual herencia única entre madre e hija, marcando el punto de partida del enfrentamiento con la realidad de esta última, Fausta, que cargará con su varada difunta como símbolo de su susto legado.

Siguiente al cántico, Fausta, frágil y sola, de espaldas a la gran ventana del cuarto, es apocada por las casas y cerros que se expanden en el cuadro. Una Lima agreste se ubica como contexto, que a su vez es el puente exacto entre las dos realidades en las que Llosa interactúa y de las que coge elementos, lo rural y lo urbano. Manchay es la localidad donde estas dos culturas confluyen y donde La Teta Asustada desarrolla sus motivos.

En esa escena de tan sólo dos tomas, de opuestas perspectivas, la directora condensa en una habitación el par de frentes demográficos que maneja, señalando las condiciones íntimas del conflicto -de naturaleza serrana- con la agonía de la madre, como también las dificultades externas del mismo en un ambiente adverso -como la bravura de las afueras de la ciudad- con el contraste entre el timorato gesto de Fausta y las irregularidades de la geografía donde se ubica. Es un prólogo diáfano, filmado con pulso veterano y sensibilidad manipuladora que da miedo, pero complace por efectivo.

Las virtudes formales de esta secuencia denotan técnica de síntesis visual, brindando una entrada sugerente a la historia en pocos empalmes, sin embargo su principal encanto refiere a la lírica quechua de los segundos primeros, cuando en negro la pantalla dedica al oído su canto. Desde esas primeras melodías Claudia Llosa pretende "arte", alguno elegíaco que proyecta enigmas desde la parafernalia andina, que nos condolece con el arrugado rostro de una anciana indígena que declama falleciente un ultraje pasado, empero después aquel "arte" se comporta, con la interculturalidad entre las costumbres serranas y las capitalinas adoptadas, burlescamente.

En La Teta Asustada hay clave lastimera en el personaje principal, Fausta, y en sus acciones dramáticas, pero dentro se entreteje una visión peculiar del mestizaje cultural peruano, kitsch e impersonal. No obstante, la inicial, una de las mejores primeras escenas oídas y vistas del cine de Perú.

viernes, 13 de noviembre de 2009

TRES GENERACIONES, VARIOS DERECHOS: De 3ra Generación


De los pueblos y colectivos:

Estos derechos de ejercicios colectivos buscan la defensa de bienes comunes de mayor envergadura, es que los recursos y riquezas naturales son más de pertenencia grupal que individual porque en su exuberancia dadivan a sectores varios.

La defensa de estos derechos está mayoritariamente excluida de pleitos normativos legales, apelando a su defensa mediante presión política y discursos ideológicos “extraoficiales”. Y es que esta tercera generación, puesta sobre el tapete después del Holocausto, dedica sus esfuerzos a las minorías étnicas, que no tienen voz ni voto ante los poderosos Estados que usufructúan con sus recursos a manera de explotación, visto en este siglo que empieza en innumerables casos alrededor del orbe con saña indignante.

Si bien los grupos étnicos minoritarios o marginales son los principales aludidos en este grupo de derechos recién en etapa de consolidación, no son los únicos favorecidos de esos esfuerzos.

Comunidades rurales, grupos agrónomos o ganaderos, pescadores o hasta en un término más general, aplicado en algunas democracias, como España, grupos de consumo están también defendidos en este rubro.

La familia al estar conformada por un grupo humano es también acreedora de las normativas que defienden su integridad. El derecho al clima sano, a la paz y al espacio público termina por generalizar a todos los componentes de una sociedad o comunidad minoritaria como beneficiada de los derechos de tercera generación. Mientras no seamos anacoretas ni ermitaños que los hay invisibles, entramos al saco.

En un esclarecedor artículo publicado en La República el 16/9/2009, Carlos Reyna explica con tino didáctica su postura negativa contra la concesión del puerto de Paita a inversionistas extranjeros en desmedro de la actividad cotidiana de los locales por la formación de un monopolio no-peruano. Reyna manifiesta que “este gobierno es de brujos y uno de sus trucos más conocidos es el de autorizar por decreto aquello que la ley o la Constitución prohíben…” (1). Una prueba más de la violación del gobierno de turno a los derechos que intentamos descubrir mientras se los mancilla ¿Se cree aún que metiendo extranjeros para explotar nuestros recursos saldremos de pobres? ¿Es que acaso no entienden que su ineficiente “chorreo” es tremendo “choreo”? O nos detectan tan monigotes que nos meten la mano al bolsillo con floreo progresista. Creo que es esto último, pues después de varios gobiernos seguidos de entrada libre a rateros vestidos de seda, con obvios intereses de los “porteros” del Ejecutivo, ya nada sorprende, pero aún sigue indignando. Fujimori, Toledo y García leyeron mal a Kant al pensar en todo arribista como “ciudadano mundial”.

Difícil guardar esperanzas foráneas, que el hipotético impuesto Tobin [que “consiste en aplicar una pequeña tasa a todas las transacciones financieras a nivel mundial” para “destinarse a un fondo de ayuda a los países más pobres, que sería administrado por personalidades independientes de amplia credibilidad” (2)] –sabida a utópica limosna- se aplique a la inmediatez posible, no obligará a ningún inversionista ni a ningún “padrino” del Estado a dejar su ultra rentable negocio de las concesiones. ¿Qué hacer entonces? Así como el perjuicio es para los peruanos como conjunto, queda en nosotros darle la vuelta al pastel en las próximas elecciones, pero en la casi unánime desinformación en la que nos ubicamos, daremos nuestro Sí a quien mejor sale en Tv o a quién mejor le fue en las manipuladas encuestas como ya es costumbre.

Los intelectuales curtidos en materias de realidad nacional están en el compromiso de ser didácticos para llegar a la opinión pública, sino su trinchera contestataria servirá sólo como catarsis de andropáusico que aporta poco y nada a los intereses del pueblo.

Quiero que estos saquen ya las manos de mi bolsillo.

(2) “Avanza el ITF global”, por Humberto Campodónico (19/9/2009) http://www.cristaldemira.com/articulo.php?idfecha=2009-09-19

jueves, 12 de noviembre de 2009

TRES GENERACIONES, VARIOS DERECHOS: De 2da Generación



Economía, sociedad y, sobre todo, cultura:
En pos de la modernización social tras políticas anacrónicas sabidas a obsolescencia, pero aún con vestigios en recovecos del mundo, se da paso a una segunda tanda de derechos propuestos en otras condiciones y protectoras de otros motivos.

Hitos históricos como la revoluciones mexicana (1910), soviética (1917) y alemana (1919), la república española de 1927, la gran depresión norteamericana (1928) y la insurgencia socialista europea brindan un cariz de cambio a lo que se vivía hasta ese entonces. Los intelectuales toman la iniciativa con agitadas protestas en pos de un cambio radical en la economía mundial, asimismo de una nueva forma de estructurar la sociedad, resultando más horizontal como producto del empuje conjunto para sobreponerse de la crisis.

Los de este rubro se defienden mediante protestas y enfrentamientos políticos, pues el marco jurídico les brinda la espalda para eventuales soluciones. Como derechos sociales estos se presentan y desarrollan en su campo: la sociedad, siendo los aspectos cultural y económico dos criterios inherentes a los fenómenos sociales.

Los derechos de esta segunda generación se refieren en:

a) lo económico: al trabajo y sus condiciones dignas;

b) lo social: a la asociación en sindicatos, a la calidad de vida, a la salud, a la equidad, a servicios públicos y sociales;

c) lo cultural: a la educación, al arte y la ciencia.

Se discute sobre la importancia del papel del Estado en esta categoría, delegando la mayor responsabilidad a la “movilización ciudadana, riqueza política y cultura social”, pues las desvirtúan como sólo expectativas y aspiraciones ciudadanas, que no dependen del Estado para su ejecución o proyecto. ¿Se imaginan un Estado que no defienda la generosidad, equidad y solidaridad entre individuos? ¿Ni el derecho al trabajo, a la calidad de vida y a la expresión artística? Restarle importancia a la segunda generación es limitar el desarrollo individual del hombre, encuadrarlo en su persona jurídica, hacerlo un “buen chico”.

En un país donde la educación de calidad es un privilegio de minorías -ni hablemos de cultura, onerosa y elitista- se puede hacer poco menos que ir contra la corriente. Trabajos que mantienen a su planilla con sueldos indefinidos por ley, prestos a manipularse por empleadores vivarachos. Y una sociedad donde la equidad es un valor que cuesta practicarse, pues las ventajas y desventajas entre ciudadanos saltan a la vista.

Hace 13 años ya, las primeras semanas de agosto, se realiza el evento cultural más importante del Perú, entendido así por su consolidada organización y generosa programación imposible de disfrutar en otras circunstancias. Me refiero al Festival de Cine de Lima organizado por la PUCP. Esto no es una opinión sino una realidad, penosamente poco difundida.

¿Cuántos gatos saben que existe esta muestra? Los miraflorinos y sanisidrinos disputan las mayores asistencias al evento elitista por excelencia del círculo pituco. Tickets caros al alcance de pocos bolsillos e información escueta en medios masivos escamotean la atención popular como si la masificación del festival le arrebatara su condición “exclusiva”. El Festival de Lima no pretende difundir la cultura sino cumplir con su público puntualmente en fechas invernales.

¿Qué hace el Estado para promover un evento popular de similares alcances? ¿Le importa cultivar a su pueblo? ¿Piensa en lo contraproducente de avivar a sus lornas?

El grueso de la población conceptualiza a la cultura como actividad facha, somnífera, aburrida (¡!), calificación comúnmente aplicable a todo lo inexplorado como justificación de su lejanía. “No me importa la cultura porque me aburre”, máxima expandida por el largo y ancho de la opinión pública sin mostrar atisbos de cambio. Regreso, ¿qué hace el Estado para disipar ese prejuicio? ¿Canal 7? Su programación no encuentra el balance entre entretenimiento y cultura, ideal para que lo indiferentes volteen la mirada siquiera. Es que la señal del Estado requiere una estrategia de marketing seria si realmente le interesa el tema, una que indague en los motivos de la antipatía del público y que esboce soluciones varias a aplicar. Obviamente un presupuesto considerable debe ponerse sobre la mesa. La vieja Nicolasa no se da abasto con el relajo ni su nieto Benito con la historia.

Envío nuestra problemática a las calles sondeando al peruano de a pie sobre: ¿Qué sala de conciertos conoces?, ¿qué cineclub?, ¿qué teatro?, ¿qué centros culturales? Sin respuestas quedo de antipático e incomodador y eso que lo hice con la mayor simpatía y comodidad posible. Cambiando de contexto, cito un caso alarmante consecuente de esta desinformación: un grupo de estudiantes preocupados por una asignatura pendiente que consiste en asistir a una actividad cultural para reseñarla. Lo alarmante es que no tienen la más mínima idea dónde encontrar una, y eso se nota en sus angustiados rostros.

Si estos estudiantes se encuentran en esa divagación, ¿te imaginas al panadero?, ¿a la ama de casa?, ¿a la chica fitness?, ¿o a los grupos adolescentes que encuentran pocas cosas mejores que pararse en una esquina a chismear?

Ante tanto consumo del ocio, me aúno como creyente en su solución (futura) a la gran iniciativa de EnseñaPerú(1), que apoyada en la inversión privada busca descentralizar la educación de calidad de la mano de 50 jóvenes docentes, sujetos a evaluación y a concurso, que entrarán a la acción la primera etapa del año 2010, esperando resultados mediatos y una expansión exitosa del proyecto a corto plazo.

Una vez detectado que el principal problema de una sociedad retrógrada y amarillista, ya saboteada por la costumbre del morbo comercial, es la falencia en su pretérita formación académica y su fracaso en la interrelación con las manifestaciones artísticas (culpa del desinterés de los gobiernos capitalistas dedicados a vendernos bonanza económica como solución al filisteísmo) sólo queda apreciarlos como conejillos de indias para postular correcciones luego. La esperanza es futura, el proyecto de cultivación de los próximos ciudadanos debe ser prioridad, porque imposible es transformar conciencias al lado de formarlas, de asesorarlas y allanarles el camino a inclinaciones productivas como “pre-temporada” al torneo de la vida.

Quítale Magaly a un ama de casa y el fútbol a un hombre los domingos y verás como sufren de inanición.

(1) Para mayor información, ingresar a www.ensenaperu.org

miércoles, 11 de noviembre de 2009

TRES GENERACIONES, VARIOS DERECHOS: De 1ra Generación


Muchos de los que conozco entramos a la cancha de la vida sin saber siquiera las reglas de juego, creyendo que sólo pasando los almanaques habremos llegado exitosos a la culminación del partido ¿Cómo empezar a vivir si somos ajenos a nuestros dones inherentes y a los favores que nos corresponden por origen? En esa condición estamos en franca desventaja ante los baches del diario. Nuestros derechos –los dones a los que me refiero- nos esperan listos en el ambiente para circuirnos con sus gracias al recién nacer, estos permanecerán siempre cerca pero inválidos si no los conocemos.

Sus orígenes no datan de una historia de manufactura sino de legacía tras batallas de sangre y polémica en siglos pasados. Estos legados inician su urdimbre en épocas de agitación burguesa en Europa y de enfrentamientos pro independencia en América, como sacudida definitiva del dominio español, principalmente. Entre finales del s. XVIII y mediados del s. XIX se marca el contexto histórico de la victoria de los derechos de primera generación(1), que abarcan los aspectos políticos y civiles del individuo y que serviría como punto de partida para la aceptación de derechos de otras índoles en episodios posteriores.

1 .Cívicos y políticos: los derechos de Primera Generación

En una época de opresión totalitaria, donde los seres humanos éramos más individuos que ciudadanos –término aún por sedimentarse- , la intención primaria de contestación era zafarse de esa condición cabizbaja, sufrida por los antojos del poder siempre egoísta. La plebe estaba marcada con el sello de la desigualdad y las opciones de reivindicación eran inexistentes. “Lo que no existe, se crea”, reza una máxima poco cristiana con la rebeldía de un estoico. Empero, los derechos de equidad política y cívica estaban por “crearse”.

La desaprobación de la plebe a la monarquía evolucionó a resistencia y a oposición (características generales de este apartado), consiguiendo como trofeo el derrocamiento de esta modalidad de política como mandataria.

Considerados fundamentales, los de primera generación, son los únicos defendidos judicialmente para su cumplimiento, pues refieren a la libertad (en todas sus expresiones), al derecho a la vida, a la justicia, a la seguridad personal y otros derivados. “Grandes temas” que son la matriz para la posibilidad de una vida en sociedad, por lo que encabezan el rango de los derechos acreditados al ciudadano.

Pongamos el caso que estos fueran los únicos derechos declarados hasta la fecha; una parafernalia jurídica serviría de contexto a una sociedad tribal de poco desarrollo intelectual y colectivo, justamente las motivaciones de las dos generaciones por desarrollar más adelante. Caemos en cuenta entonces que cada artículo complementa al anterior, dejando pendiente algunos temas por regularizar en los tiempos que corren. Se concluye que ninguno abarca los más importantes criterios.

La muy defendida libertad de prensa servirá para ejemplificar un caso de lo esgrimido líneas arriba. El experimentado periodista Efraín Rúa, de La Primera, ha sido demandado- y condenado- por Alan Simón Pérez Nores, hijito del presidente peruano, por informar un supuesto vínculo del señorito con un ente privado que amedrenta campesinos en pos de expropiarlos de sus tierras. La nota informativa recoge testimonios de los citadinos que expresan dicha relación del Primer Señorito con la forzuda Gandules Inc. S.A.C. ¿Acaso mencionar al Alan Jr. en sus actividades laborales representa un delito? ¿No causa suspicacias la celeridad del muy discutido fallo a su favor, estando las cosas aún difusas? ¿Por qué García Nores no denunció a los comuneros y sí a un medio de comunicación? El mensaje lo leo tras una cristalina laguna: “con los de arriba ni te metas”.

Qué burlada está nuestra libertad de expresión en este subdesarrollado terruño – y no lo digo por los índices de pobreza económica-. Este fallo contra la información acarrea en proporciones importantes otras violaciones relativas a la justicia (coacción formal de poder), la igualdad (“los aristócratas son inmaculados”) y la presunción de la inocencia (señalamiento de culpabilidad en panorama difuso). ¿Qué hacer ante la desacreditación de los grandotes?

Los poderes políticos manejan los impresos vistos a diario en los quioscos esquineros, la prensa es la letra de la autoridad ejecutiva y los otros medios, su imagen y voz. Al salir una partícula del flujo normal (la información de Rúa) esta debe ser neutralizada con tajante autoridad. Pocas semanas después, cuando el susodicho pague sus 5000 soles de indemnización el tema será olvidado y la lección también aprendida por futuros “rebeldes”.

Es utópico pensar que el vecino agresor se persignará ante nuestros derechos antes de levantar su mano inquisidora ¿Qué se puede hacer si los encargados de defenderlos los atropellan?

Casos como estos empañan la solemnidad de lo que recién aprendemos a asimilar nuestros “dones innatos”. Y es que hasta en el más puro de los testamentos existen episodios grises que nos enseñarán la astucia para hacer el giro de tuerca a favor de nuestras justas demandas.

(1) Criterios históricos y temáticos conexos que defienden a un grupo de derechos como de una misma clase.

CRECIMIENTO ECONÓMICO, DICE


"No debemos tirar la toalla sino tratar de aprender las lecciones de esta situación, que ya lleva muchos años, de un país disfrutando de un creciente bienestar económico" (SIC)

Fritz Du Bois habla de mentiras curriculares de
congresistas y vocales supremos mientras él comete mentiras
editoriales ¿O cree que todos cobramos cuales directores de prensa?

martes, 10 de noviembre de 2009

PRENSA: A LA DIESTRA DEL GRINGO


La parcialidad y la desinformación de prensa alarman. Toda discrepancia se ha reducido a lo imperialista y a lo antiimperialista y en base a esto se aplaude o sentencia. Veamos esto en el caso armamentista de la región.

La consecución de armas y equipos de destrucción masiva -noticiado como inversión en defensa nacional (sic)- es el destino de un importante porcentaje del presupuesto estatal para muchos gobiernos de todo el orbe. La región sudamericana nos es ajena ha esta tendencia belicista, despertando suspicacias de unos por los gastos de otros. Está demás decir que genera tensión política la adquisición millonaria de armamento entre países vecinos. Pactos de no agresión que se piden y rechazan, carreras armamentista flagrantes oficialmente negadas; Sudamérica castrense es la del s. XXI.

Brasil, Colombia y Chile son los tres países latinoamericanos que más gastan en pólvora, rifles y mastodónticos equipos “de defensa” ¿Y Venezuela y Bolivia? ¿No son acaso los países con los gobiernos más hostiles de la región? ¿No son subversivos diplomáticos contra el desarrollo económico de esta geografía? Deberían ser entonces los mejor armados y los más propensos al ataque. Pero, ¿por qué nos preocupamos de dos gobiernos que lejos están de ser los máximos derrochadores bélicos? ¿No será porque su socialismo es incómodo para los que ahora gobiernan como sucursales de EE.UU? Saludos, García y Uribe.

Particularmente me hastía ver al presidente peruano en todos sus feos ángulos y con distintos disfraces según la región que visite como proclamador de bienestar en todos los recovecos de su jurisdicción, Perú. Pequeño favor que nos hace la Tv al programarnos a su jefe presidencial, que habla tanto como regala en concesiones el país. Mientras que sus detractores apenas figuran, y de hacerlo se les señala como agitadores contra la armonía política. Es que proponer pertinentemente un cambio constitucional del presente, con que el presidente se ubica en un pedestal cual intocable rey, es casi una herejía.

Toda acción o propuesta antisistémica de este discriminador y centralista, que habla de cifras y nada de gentes, es satanizada por los manejadores de la opinión pública en imágenes, voces y letras. Ejemplos: izquierda-política/terrorismo, protesta-pública/subversión. Los más saltantes de estos señalamientos son los soberanos Hugo Chávez- de acciones tan cuestionables como saludables- y Evo Morales, que en sus protestas antiimperialistas parecieran evocar el desorden político o un atentado contra la modorra -no paz-. Sin ser políticos de admiración, sus defensas al patriotismo y al orgullo independiente valen más que el compadrazgo de los proindustriales que descapitalizan el país con permiso de sus dueños de turno, los presidentes electos.

Colombia dobla el gasto armamentista de Venezuela y ha acordado recientemente, en un trato oculto a los pueblos, contar con poderío estadounidense para derrotar a las FARC cerca a sus bodas de oro, dándole la potestad de sus 7 principales bases ocupadas por 1400 gringos. Un acercamiento que debería preocuparnos más que los alegatos de Chávez en señal abierta. La preocupación por las FARC trasciende las fronteras colombianas, esperemos que las intervenciones militares estadounidenses no superen los límites de su concesión con motivos de operativos militares. Sin embargo, a Uribe -como es del grupo de García, que hace reverencia a los sucesores de Washington- se le palmotea el hombro.

Los medios han seleccionado a sus puntos de elogio y de diatribas, perjudicando al pueblo al parcializar sus puntos de vista desinformados. Este poder fáctico influye tanto en la sociedad que algunos intereses subalternos se ven beneficiados con tanta confusión y equívocos. Tanta válida suspicacia da jaqueca.

domingo, 8 de noviembre de 2009

ECONOMÍA CUÁNTICA


El economista Alberto Montero Soler cree en el alejamiento de la Economía de los aspectos sociales, pues actualmente centra sus esfuerzos a los resultados exactos de las calculadoras y la proyección de las bonanzas financieras, negando su visión a las posibles contrariedades de un modelo económico rentable, no previendo las grandes consecuencias o profundas recesiones que puedan suceder con un solo error en su mecánico funcionamiento.

El español dice:
“La economía se extravió porque los economistas, como grupo, confundieron la belleza de unas matemáticas deslumbrantes con la verdad. […] Los economistas volvieron a enamorarse de la vieja e idealizada visión de una economía en la que individuos racionales interactúan en mercados perfectos, visión ataviada esta vez con ecuaciones de fantasía.” (1)

Pero el problema sería menor si este sesgo sólo atañera al círculo economista cual élite intelectual. Tan sólo hablaríamos de la credulidad de un grupo de estudiosos desligados de las preocupaciones sociales. Lamentablemente la relación entre economía y política, llevada por la conveniencia es pos de conquistar mercados y ganancias, hace de esto una política de gobierno indiferente a las realidades sociales y una ideología inclinada al engrosamiento de las arcas del Estado y bolsillos propios de políticos y lobbies.

El ámbito económico ha llegado a ser de total interés en las esfera políticas, más aún en el modelo neoliberal que se mantiene en el poder peruano, que privilegia la exportaciones e inversiones millonarias de capital extranjero como propulsores de desarrollo. Un amor a las monedas que se descorazona del pueblo.

El mismo Montero Soler complementa el panorama aludiendo a un estudio universitario hecho por estudiantes franceses en el 2000 que concluye con una frase muy sintetizadora que suscribo: “La economía se aleja de la realidad y se convierte en una rama de las matemáticas aplicadas”. Cuando leemos Economía o escuchamos sus ponencias en la actualidad, las cifras y estadísticas gráficas son por mayoría la información que se brinda. ¿Qué de social tiene la Economía? Su origen e hipotética aplicación ¿Qué de político tiene la Economía? Su actualidad como manual de acción de gobiernos varios, cogida cual receta del dinero, como si un gobierno fuera una emprendedora inversión.

Por su alejamiento de su esencia social y sus problemáticas, la Economía es denunciada como ciencia post autista. “El estudio de la producción, distribución y consumo de bienes y servicios” –su definición grosso modo- se considera más como nivel elemental de su estudio y aplicación que como principio base.

1) La teoría económica no se aplica en hechos concretos, 2) hace uso incontrolado de las matemáticas y 3) por su falta de pluralismo es dogmática; serían aquéllos los tres puntos principales que diagnostican el autismo de esta ciencia en los tiempos que corren. Qué calculadora (y calculada) está la Economía.

(1) Autismo económico, por G. Giacosa. Perú21 del 30/10/2009

viernes, 6 de noviembre de 2009

Y YA QUE SE FUE HEATH LEDGER


Cuando Corazón de Caballero pasó con justicia al olvido, dejó de rastro y único valor a un chico que podía, más que sabía, actuar. Tres años después, cuando con apretados jeans e impostada voz de macho fue un vaquero homosexual, este mismo chico ofrendó a la industria de Hollywood la confirmación de un joven actor cabal, con garbo de galán, (in)creíble en sus máscaras de rodaje. No hubo tiempo para maquinar la vendible expectativa de una promesa actoral o la del guapo del nuevo siglo, el talento de Heath Ledger, debutado ante las masas en Secreto en la montaña, derogó –por su inmediata eclosión- cualquier procedimiento de mercadeo alrededor de su figura; no demostró lo que podía llegar a ser o a emocionar, sino que estableció su invariable estatus de artista –no de divo- con una manifestación sola.

Ennis del Mar, personaje sufriente de una ambigua vida sentimental, pareció marcar la pauta de su perfil como intérprete: gallardo pero sentimental, afligido de gesto y apasionado como amante; características de actor sensible para dramas románticos. Qué gusto confirmar después el error de nuestro prejuicio, pues, antes de irse, daría la muestra definitiva de su versatilidad como sentida despedida, en la que utilizaría su más inolvidable máscara.

Esa última degeneró al más perturbador rostro en pantalla grande de los últimos años pasados, el de un payaso asesino por placer al caos, el de un delirante e histriónico agente del desorden: el Joker; la imagen definitiva como será recordado por quienes gozamos (por muy poco tiempo) de su genio. El Joker de Ledger es la insignia de Batman: El caballero de la noche, el signo de su éxito y principal atractivo de su largo metraje. Sus pasos y frases enrostran nuestra ambigüedad de acción y distinción acomedida del bien y el mal, el Joker es la encarnación de nuestras pulsiones malévolas. La faz de Ledger deformó al de las intenciones malditas del hombre, y eso lo hace más entrañable por nebuloso.

El sinsabor de la frustración fastidia su recuerdo. Qué tanto más pudo dar su sensibilidad para interpretar, su facultad para hacer memorable su gesto dramático. La respuesta quedó trunca. En adelante se hablara de Heath Ledger en tiempo pasado; medito recién si todo tiempo pasado fue mejor.